¿Por qué busco mis síntomas en Internet cuando tengo ansiedad?
Nos duele la cabeza.
No parece nada importante, pero llevamos unas horas así.
Cogemos el móvil y buscamos: «dolor de cabeza causas».
Leemos los primeros resultados. La mayoría hablan de cosas habituales, pero encontramos también alguna enfermedad que nos preocupa.
Seguimos leyendo.
«¿Y si mi dolor se parece a este?»
Buscamos otro síntoma. Después otro. Entramos en un foro. Consultamos otra página. Quizá incluso preguntamos a una inteligencia artificial.
Media hora después sabemos mucho más sobre las posibles causas de un dolor de cabeza.
Pero estamos bastante menos tranquilos que antes de empezar.
¿Por qué seguimos buscando si consultar nuestros síntomas en Internet muchas veces aumenta nuestra ansiedad?
Porque cuando tenemos miedo, buscar información puede parecer una buena manera de conseguir seguridad, aunque en realidad aumentamos la ansiedad.
Y durante un rato incluso puede funcionar.
Buscar síntomas para tranquilizarnos
Imaginemos que notamos una sensación extraña en el pecho.
Pensamos:
«¿Qué ha sido eso?»
Intentamos ignorarla, pero vuelve a aparecer.
Entonces buscamos en Internet. Encontramos una explicación tranquilizadora y pensamos:
«Vale. Probablemente no sea nada.»
Sentimos alivio.
El problema es que media hora después volvemos a notar la sensación.
Y aparece una nueva pregunta:
«¿Pero seguro que era eso?»
Volvemos a buscar.
Quizá esta vez utilizamos otras palabras. Leemos otras páginas. Comparamos nuestros síntomas con los que encontramos.
Y volvemos a sentir algo de tranquilidad.
Podemos entrar así en un círculo muy parecido al que explicábamos al hablar de los relojes inteligentes y la ansiedad:
sensación → preocupación → búsqueda → alivio → nueva duda → nueva búsqueda.
Buscar información no es necesariamente el problema.
La pregunta interesante vuelve a ser:
¿Para qué estoy buscando?
No es lo mismo informarnos que comprobar
Internet nos permite acceder a una enorme cantidad de información sobre salud.
Y eso puede ser útil.
Podemos consultar cómo cuidar una lesión, conocer los síntomas habituales de una enfermedad o encontrar información que nos ayude a decidir si debemos acudir a un profesional.
El problema puede aparecer cuando dejamos de buscar para informarnos y empezamos a buscar para conseguir una certeza:
«Necesito saber que esto que siento no es peligroso.»
Entonces una búsqueda puede no ser suficiente.
Porque encontramos una explicación tranquilizadora, pero inmediatamente aparece una excepción.
«Dice que normalmente no es grave… pero ¿y si mi caso es diferente?»
Buscamos otra página.
Después otra.
Cuanta más información encontramos, más posibilidades tenemos también de encontrar algo que encaje parcialmente con aquello que sentimos.
Y la búsqueda que había empezado para reducir nuestra ansiedad puede terminar aumentándola.
¿Por qué todos los síntomas parecen encajar?
Probablemente nos ha ocurrido alguna vez.
Leemos una lista de síntomas y empezamos a reconocerlos.
«Cansancio… sí.»
«Dolor de cabeza… también.»
«Dificultad para concentrarse… últimamente bastante.»
De repente parece que la descripción encaja perfectamente con nosotros.
Pero muchos síntomas físicos son poco específicos.
El cansancio, las palpitaciones, el dolor de cabeza, las molestias digestivas, la tensión muscular, los mareos o las dificultades para dormir pueden aparecer por muchos motivos diferentes.
También pueden aparecer con la propia ansiedad.
Si además estamos prestando mucha atención a nuestro cuerpo, podemos empezar a detectar sensaciones que normalmente pasarían desapercibidas.
Esto puede crear otro círculo:
preocupación → más atención al cuerpo → más sensaciones detectadas → más preocupación.
No necesariamente están apareciendo más cosas en nuestro cuerpo.
Puede ocurrir que estemos observándolo mucho más.
Ansiedad por la salud: cuando necesitamos saber que todo está bien
En personas con ansiedad por la salud, tradicionalmente relacionada con lo que muchas personas conocen como hipocondría, una sensación corporal puede generar una preocupación intensa por la posibilidad de tener una enfermedad.
Y buscar síntomas en Internet puede convertirse en una forma de intentar reducir esa preocupación.
«Si descubro qué es, podré tranquilizarme.»
El problema es que resulta muy difícil conseguir una certeza absoluta sobre nuestra salud mediante una búsqueda.
Siempre podemos encontrar otra posibilidad.
Otra enfermedad.
Otro síntoma que no habíamos tenido en cuenta.
Otro artículo que dice algo diferente.
Por eso podemos terminar dedicando mucho tiempo a buscar precisamente aquello que esperábamos encontrar desde el principio:
una respuesta que nos permita dejar de preocuparnos.
Y esa respuesta quizá nunca parezca suficientemente segura.
«Pero cuando busco y veo que no es nada, me tranquilizo»
Sí.
Y esto es importante.
Buscar síntomas puede tranquilizarnos.
Si nunca produjera alivio probablemente dejaríamos de hacerlo muy rápidamente.
Imaginemos:
Tengo una sensación que me preocupa.
Busco.
Encuentro una explicación que considero tranquilizadora.
La ansiedad baja.
Nuestro cerebro puede aprender algo bastante sencillo:
«Cuando tenga miedo por mi salud, buscar información me ayuda a sentirme mejor.»
La próxima vez que aparezca una sensación extraña tendremos todavía más motivos para volver a buscar.
El problema es que la tranquilidad obtenida mediante la comprobación suele durar hasta que aparece la siguiente duda.
Entonces necesitamos repetirla.
Por eso, a veces aquello que nos ayuda a sentirnos mejor a corto plazo puede estar manteniendo nuestra preocupación a largo plazo.
Cuando Google no es suficiente
A veces la búsqueda no termina en Internet.
Después de leer podemos preguntar:
«¿Tú crees que esto es normal?»
Quizá preguntamos a nuestra pareja.
A un familiar.
A un amigo que trabaja en sanidad.
O pedimos una cita médica.
Consultar a un profesional cuando existe un motivo para hacerlo es evidentemente razonable.
La dificultad aparece cuando ninguna respuesta consigue tranquilizarnos durante demasiado tiempo.
Nos dicen que todo está bien.
Sentimos alivio.
Después pensamos:
«¿Y si no me he explicado bien?»
«¿Y si no han mirado esto?»
«¿Y si ha aparecido después?»
Y necesitamos una nueva comprobación.
En ese momento quizá el problema ya no sea solamente encontrar la información correcta.
Puede que estemos intentando conseguir algo mucho más difícil:
la certeza absoluta de que nada malo puede ocurrir.
¿Y preguntar nuestros síntomas a una inteligencia artificial?
Cada vez es más fácil describir lo que sentimos y obtener en pocos segundos una lista de posibles explicaciones.
Esto puede ser útil para obtener información general, pero también puede convertirse en otra forma de comprobación.
Podemos reformular la pregunta.
Añadir otro síntoma.
Preguntar si podría tratarse de una enfermedad concreta.
Después preguntar qué probabilidades existen.
Y volver a preguntar utilizando palabras diferentes hasta encontrar una respuesta que nos tranquilice.
La herramienta cambia.
Antes podía ser Google. Después un foro. Ahora también puede ser una inteligencia artificial.
Pero psicológicamente la pregunta puede seguir siendo la misma:
«¿Estoy buscando información o estoy intentando eliminar mi incertidumbre?»
¿Significa esto que nunca debemos buscar información sobre nuestra salud?
No.
Buscar información médica en Internet no es «bueno» o «malo» por sí mismo.
Tampoco cualquier preocupación por nuestra salud significa que tengamos ansiedad.
Hay síntomas que debemos consultar y situaciones en las que buscar información puede ayudarnos a tomar buenas decisiones.
La cuestión es observar qué relación tenemos con esa búsqueda.
Podemos preguntarnos:
- ¿Busco información para orientarme o para tranquilizarme?
- ¿Una búsqueda suele llevarme a otra y después a otra?
- ¿Comparo constantemente mis síntomas con enfermedades?
- ¿Después de encontrar una explicación tranquilizadora aparece rápidamente una nueva duda?
- ¿Pregunto varias veces a otras personas si creen que estoy bien?
- ¿Me cuesta dejar de buscar aunque noto que cada vez estoy más nervioso?
- ¿Dedico mucho tiempo a observar mi cuerpo para comprobar si el síntoma continúa?
No necesitamos responder «sí» a todas estas preguntas.
Lo importante es entender qué función está teniendo la búsqueda.
Aprender a no responder a cada duda
Quizá el objetivo no sea conseguir encontrar una página que finalmente nos convenza de que todo está bien.
Puede ser aprender que no necesitamos responder inmediatamente a cada sensación con una búsqueda.
Esto no significa ignorar nuestra salud.
Significa poder diferenciar entre cuidarnos y vigilarnos constantemente.
Nuestro cuerpo produce sensaciones.
Algunas las entendemos.
Otras no.
Algunas desaparecen en unos minutos.
Otras necesitan ser valoradas por un profesional.
Pero no siempre podemos saber inmediatamente qué significa cada pequeño cambio.
Y aquí aparece una parte importante del trabajo con la ansiedad por la salud:
aprender a tolerar un poco mejor el «no lo sé».
Porque quizá nunca consigamos eliminar completamente la incertidumbre.
Pero sí podemos aprender a necesitar menos comprobaciones para convivir con ella.
Psicólogo para ansiedad por la salud en Tarragona
En Respira Psicología, en Tarragona, trabajamos con personas que experimentan ansiedad, preocupación excesiva por la salud, miedo ante determinadas sensaciones corporales o una necesidad constante de comprobar que todo está bien.
Desde la psicoterapia podemos explorar qué ocurre cuando aparece una sensación que nos preocupa, qué pensamientos se activan y qué hacemos para intentar recuperar la tranquilidad.
El objetivo no es decirnos que debemos ignorar nuestro cuerpo.
Tampoco convencernos de que nunca nos ocurrirá nada.
Puede ser algo diferente:
aprender a escuchar nuestro cuerpo sin necesitar vigilarlo constantemente.
Y aprender que cuando aparece una duda, quizá no siempre necesitemos resolverla inmediatamente para poder continuar con nuestro día.
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