Cada vez es más habitual llevar un reloj inteligente que nos dice cuánto has dormido, cuál es tu frecuencia cardiaca, cuántos pasos has hecho o cómo ha sido tu descanso.
En principio, parece algo positivo: tenemos más información sobre nuestro cuerpo y podemos utilizarla para cuidar mejor nuestra salud. Pero desde la psicología aparece una pregunta interesante:
¿Qué ocurre cuando necesitamos mirar esos datos para sentirnos tranquilos?
Porque una cosa es utilizar un reloj para conocer nuestros hábitos y otra muy diferente es necesitar comprobar constantemente que nuestro cuerpo está bien.
Cuando la información se convierte en comprobación
Imaginemos una persona que nota que su corazón late más rápido de lo habitual. Mira el reloj. Ve que tiene las pulsaciones elevadas y empieza a preocuparse: «¿Por qué tengo las pulsaciones así?»
Vuelve a mirarlas unos minutos después. Busca información en Internet. Se toma el pulso. Vuelve a consultar el reloj. Cuando finalmente las pulsaciones bajan, siente alivio.
El problema es que ese alivio puede enseñar a nuestro cerebro algo: «Cuando tenga miedo de que me ocurra algo, tengo que comprobarlo.»
Y así puede empezar un círculo muy habitual en la ansiedad:
Sensación corporal → preocupación → comprobación → alivio → nueva preocupación → nueva comprobación.
El reloj no ha creado la ansiedad. Pero puede convertirse en una herramienta más dentro del problema.
¿Qué ocurre en personas con hipocondría o ansiedad por la salud?
Las personas con ansiedad por la salud, relacionada con lo que habitualmente conocemos como hipocondría, suelen prestar mucha atención a sus sensaciones corporales y pueden interpretar cambios normales como posibles señales de enfermedad.
En este contexto, tener información disponible las 24 horas puede aumentar la vigilancia sobre el propio cuerpo. Una pequeña variación en la frecuencia cardiaca puede generar preocupación. Después aparece la necesidad de comprobar que todo está bien.
Y cuando conseguimos tranquilizarnos, la tranquilidad suele durar poco. Por eso, una pregunta útil no es solamente: «¿Cuántas veces miro mi reloj?», sino: «¿Para qué lo miro?»
No es lo mismo mirar nuestros datos por curiosidad que hacerlo porque sentimos que necesitamos asegurarnos de que no nos ocurre nada.
El reloj inteligente también puede formar parte de las compulsiones
Algo parecido puede suceder en personas con Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Las compulsiones no siempre consisten en conductas muy visibles. También pueden aparecer en forma de comprobaciones.
Por ejemplo:
- comprobar repetidamente las pulsaciones;
- revisar una y otra vez los datos del sueño;
- comprobar que determinados valores están dentro de un rango;
- buscar información después de detectar un cambio;
- volver a medir hasta conseguir un resultado que nos tranquilice.
La cuestión no es si mirar el reloj es «bueno» o «malo».
La pregunta es: «¿Puedo dejar de mirarlo aunque aparezca la duda?»
Si la respuesta es cada vez más difícil, quizá el reloj esté formando parte del circuito de comprobación.
Ansiedad por los datos del sueño: cuando dormir bien se convierte en una preocupación
El sueño es otro ámbito especialmente delicado. Podemos levantarnos sintiéndonos razonablemente bien y descubrir que el reloj nos dice que hemos dormido poco o que nuestro sueño profundo ha sido inferior al habitual.
Y entonces aparece el pensamiento: «Hoy voy a estar cansado.» «He dormido fatal.» «Esta noche tengo que dormir mejor.»
Paradójicamente, podemos empezar a preocuparnos por dormir bien, y esa preocupación puede dificultar todavía más el sueño.
Existe incluso el término orthosomnia para describir este fenómeno: la preocupación excesiva por conseguir unos parámetros de sueño considerados ideales a partir de los datos de dispositivos de seguimiento.
Dormir no debería convertirse en un examen que tenemos que aprobar cada noche.
Entonces, ¿debemos dejar de utilizar el smartwatch?
No necesariamente. Los relojes inteligentes pueden ser herramientas útiles. El problema aparece cuando la información deja de ayudarnos y empieza a controlar nuestra conducta.
Podemos hacernos algunas preguntas:
- ¿Miro el reloj porque me interesa o porque necesito tranquilizarme?
- ¿Me preocupa mucho cualquier cambio en los datos?
- ¿Vuelvo a comprobar varias veces la misma información?
- ¿Mi estado de ánimo depende de cómo he dormido según el reloj?
- ¿Me cuesta dejar de utilizarlo aunque sé que me genera ansiedad?
- ¿Busco información médica después de encontrar un dato que me preocupa?
Si la respuesta es frecuentemente sí, quizá no necesitemos más información sobre nuestro cuerpo, sino aprender a tolerar mejor la incertidumbre.
Utilizar el reloj sin que el reloj nos utilice a nosotros
Un uso saludable podría consistir en consultar los datos de forma puntual y utilizarlos para observar tendencias generales. No necesitamos saber en todo momento cómo está nuestro cuerpo. Tampoco necesitamos que todos los valores sean perfectos.
La frecuencia cardiaca cambia. El sueño cambia. Nuestra energía cambia. Nuestro nivel de estrés cambia.
Que algo cambie no significa necesariamente que algo vaya mal.
En personas con ansiedad por la salud o TOC, uno de los objetivos puede ser precisamente aprender a no responder a cada duda con una comprobación. Porque la tranquilidad que conseguimos comprobando suele ser temporal.
La verdadera seguridad aparece cuando podemos decir:
«No sé exactamente qué significa este dato, pero no necesito comprobarlo una y otra vez para poder continuar con mi día.»
Ansiedad por la salud, comprobaciones y pensamientos obsesivos
Cuando existe ansiedad por la salud, la necesidad de comprobar puede extenderse más allá del reloj inteligente. Tomarse el pulso, buscar síntomas en Internet, observar constantemente una sensación corporal o pedir repetidamente a otras personas que nos confirmen que todo está bien pueden cumplir una función parecida: intentar eliminar la incertidumbre.
El problema es que conseguir una respuesta tranquilizadora no siempre termina con la preocupación. A veces ocurre justamente lo contrario. Aparece una nueva sensación, una nueva duda o un dato diferente que sentimos que debemos volver a comprobar.
Por eso, trabajar la ansiedad no consiste necesariamente en conseguir la certeza de que nunca va a ocurrir nada. Puede implicar aprender a convivir con cierto grado de incertidumbre sin tener que responder continuamente mediante comprobaciones.
También es importante diferenciar entre cuidar nuestra salud y vivir pendientes de ella. Consultar un dato porque resulta útil no es lo mismo que sentir que necesitamos conocerlo para poder quedarnos tranquilos.
Psicología para la ansiedad en Tarragona
En Respira Psicología, en Tarragona, desde la psicología podemos trabajar precisamente esta relación con la incertidumbre, las comprobaciones, la ansiedad por la salud y los pensamientos obsesivos.
El objetivo no es simplemente conseguir que una persona deje de mirar su smartwatch, sino comprender qué función está teniendo esa comprobación y aprender otras formas de responder cuando aparece el miedo o la duda.
Si la preocupación por tu salud, las sensaciones corporales o la necesidad de comprobar están interfiriendo en tu día a día, un proceso de psicoterapia puede ayudarte a comprender qué mantiene ese círculo y a relacionarte de otra manera con la incertidumbre.
Porque a veces el objetivo no es controlar mejor nuestro cuerpo.
Es aprender a confiar un poco más en él y a necesitar menos certezas.
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