¿Por qué discutimos siempre por lo mismo en pareja?

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Hay discusiones de pareja que parecen repetirse.

Puede cambiar el día. Puede cambiar el lugar. Incluso puede cambiar aquello que inicia la conversación.

Pero, de alguna manera, acabamos llegando al mismo sitio.

«Siempre haces lo mismo.»

«Nunca me escuchas.»

«Da igual lo que haga, para ti nunca es suficiente.»

«Ya hemos hablado de esto mil veces.»

Y probablemente sea verdad. Ya hemos hablado de ello muchas veces.

Entonces aparece una pregunta bastante lógica:

¿Por qué seguimos discutiendo por lo mismo si los dos sabemos perfectamente cómo termina la discusión?

Porque quizá el problema no sea solamente aquello por lo que estamos discutiendo.

Muchas discusiones empiezan por una cosa y hablan de otra

Imaginemos una situación.

Una persona llega más tarde de lo que había dicho y no ha avisado.

Su pareja se enfada:

«Podrías haberme avisado.»

La respuesta es:

«Solo han sido veinte minutos.»

«Siempre haces lo mismo.»

«¿Siempre? La semana pasada llegué antes que tú.»

Y empieza la discusión.

Podemos pasar media hora intentando determinar si fueron veinte minutos, si realmente ocurre «siempre» o quién llegó tarde la semana pasada.

Pero quizá una de las personas no está intentando hablar realmente de veinte minutos.

Quizá está intentando decir:

«Necesito sentir que me tienes en cuenta.»

Y la otra persona puede estar escuchando:

«Otra vez me estás diciendo que todo lo hago mal.»

A partir de ese momento, ya no estamos hablando de llegar tarde.

Estamos hablando de algo mucho más importante para los dos.

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El problema que vemos no siempre es el problema que sentimos

En las relaciones de pareja convivimos con pequeñas situaciones cotidianas: quién hace determinadas tareas, cuánto tiempo pasamos juntos, el móvil, los horarios, el dinero, los hijos, la familia, el sexo…

Cualquiera de ellas puede generar un conflicto.

Pero algunas discusiones adquieren una intensidad que parece desproporcionada respecto a aquello que acaba de ocurrir.

¿Por qué?

Porque no reaccionamos únicamente al hecho, sino también al significado que tiene para nosotros.

«No ha recogido la cocina.»

Puede convertirse en:

«No valora todo lo que hago.»

«No quiere tener relaciones sexuales.»

Puede sentirse como:

«Ya no le atraigo.»

«Necesita pasar una tarde solo.»

Puede interpretarse como:

«Prefiere estar sin mí.»

Dos personas pueden estar discutiendo sobre exactamente la misma situación y estar viviendo emocionalmente dos cosas completamente diferentes.

Cuando entramos en un círculo que se repite

Con el tiempo, las parejas podemos desarrollar determinadas formas de reaccionar ante el conflicto.

Una persona necesita hablar inmediatamente cuando algo le preocupa.

La otra necesita distancia para poder calmarse.

La primera insiste.

La segunda se aleja.

Cuanto más se aleja una, más necesita hablar la otra.

Y cuanto más insiste una, más necesita alejarse la otra.

Podemos acabar construyendo algo parecido a esto:

malestar → intento de acercamiento → retirada → más inseguridad → más insistencia → más retirada.

Después de repetirlo muchas veces, cada uno puede llegar a la conclusión de que el problema está en el otro.

«Si no huyera cada vez que intento hablar…»

«Si me dejara tranquilo cuando estoy enfadado…»

Y ambos pueden tener parte de razón.

Pero también puede existir otra pregunta:

¿Qué estamos haciendo entre los dos para que terminemos siempre atrapados en el mismo lugar?

Esta es una de las cuestiones que podemos explorar en terapia de pareja.

«Siempre» y «nunca»

Cuando llevamos tiempo repitiendo un conflicto, dejamos de reaccionar solamente a lo que ocurre hoy.

Empezamos a reaccionar también a todas las veces anteriores.

Por eso aparecen palabras como:

«Siempre.»

«Nunca.»

«Otra vez.»

«Como de costumbre.»

Quizá la discusión de hoy haya empezado por un vaso en la mesa.

Pero ese vaso puede venir acompañado emocionalmente de cincuenta situaciones anteriores.

Entonces nuestra reacción puede parecer exagerada para la otra persona.

«¿De verdad te estás poniendo así por un vaso?»

Probablemente no.

No estamos discutiendo solamente por el vaso.

Estamos reaccionando también a todo aquello que hemos ido asociando a él.

Cuando intentamos solucionar el problema y lo hacemos más grande

Esto puede resultar extraño, pero algunos conflictos de pareja se mantienen precisamente por la manera en que intentamos solucionarlos.

Preguntamos más porque necesitamos tranquilidad.

Nuestra pareja siente que la controlamos y se distancia.

Al notar la distancia, preguntamos todavía más.

O evitamos hablar para no discutir.

Durante unos días hay tranquilidad.

Pero el problema continúa ahí.

Cuando finalmente vuelve a aparecer, lo hace con más intensidad.

Muchas de estas respuestas tienen sentido cuando las observamos individualmente. Estamos intentando protegernos, sentirnos comprendidos o evitar otro conflicto.

El problema aparece cuando la solución de uno activa exactamente aquello que hace reaccionar al otro.

Y así podemos repetir la misma discusión durante meses o incluso años.

¿Por qué cuesta tanto escuchar cuando estamos discutiendo?

En una conversación tranquila podemos entender perfectamente el punto de vista de nuestra pareja.

Durante una discusión puede resultar mucho más difícil.

Cuando nos sentimos atacados, rechazados, ignorados o poco valorados, nuestra atención cambia.

Ya no escuchamos solamente para comprender.

También escuchamos para defendernos.

Preparamos nuestra respuesta mientras la otra persona todavía está hablando. Buscamos ejemplos que demuestren nuestro punto de vista. Recordamos otras ocasiones en las que ocurrió algo parecido.

Y nuestra pareja probablemente está haciendo exactamente lo mismo.

Entonces dos personas pueden estar hablando mucho sin sentir que están siendo escuchadas.

Por eso, mejorar la comunicación en pareja no consiste únicamente en aprender a utilizar determinadas palabras.

También necesitamos comprender:

¿Qué me ocurre a mí cuando siento que mi pareja no me entiende?

Comprender no significa dar la razón

Esta diferencia es importante.

Podemos comprender por qué nuestra pareja se ha sentido herida sin estar de acuerdo con su interpretación de lo ocurrido.

Podemos entender que algo le genera miedo sin pensar que nosotros hayamos hecho algo incorrecto.

Podemos reconocer una emoción sin asumir automáticamente una culpa.

En ocasiones estamos tan preocupados por defender nuestra versión que dejamos de intentar comprender la experiencia de la persona que tenemos delante.

Desde una psicoterapia de pareja con enfoque humanista, intentamos crear un espacio donde las dos experiencias puedan ser escuchadas.

El objetivo no es encontrar cuál de las dos versiones es la correcta.

Es comprender qué está ocurriendo entre ambas.

Entonces, ¿cómo dejamos de discutir siempre por lo mismo?

Quizá el primer paso no sea encontrar mejores argumentos.

Probablemente ya los hemos utilizado.

Tampoco repetir nuestra explicación de una manera ligeramente diferente esperando que esta vez nuestra pareja finalmente la entienda.

Puede ser más útil intentar reconocer el patrón.

¿Qué suele iniciar nuestras discusiones?

¿Qué siento yo en ese momento?

¿Qué interpreto de la reacción de mi pareja?

¿Qué hago después?

¿Y qué provoca mi reacción en la otra persona?

Cuando empezamos a observar el conflicto de esta manera, podemos pasar de:

«El problema es lo que haces tú.»

a una pregunta diferente:

«¿Qué nos ocurre cuando entramos en esta situación?»

Y ese pequeño cambio puede permitirnos empezar a trabajar sobre el problema juntos, en lugar de situarnos uno frente al otro.

¿Cuándo puede ayudarnos un psicólogo de pareja?

Tener discusiones no significa que una relación necesite terapia.

El conflicto forma parte de las relaciones.

Pero cuando las mismas discusiones aparecen constantemente, generan cada vez más desgaste y sentimos que todos nuestros intentos de solucionarlas nos llevan de nuevo al mismo punto, puede ser útil pedir ayuda.

Un psicólogo de pareja puede ayudarnos a observar esas dinámicas desde fuera, detener aquello que normalmente ocurre muy deprisa y comprender qué necesita cada persona cuando aparece el conflicto.

La terapia no busca conseguir que nunca volvamos a discutir.

Quizá una pregunta más realista sea:

¿Podemos aprender a discutir sin hacernos tanto daño y sin terminar siempre en el mismo lugar?

Terapia de pareja en Tarragona para comprender qué hay detrás del conflicto

En Respira Psicología, en Tarragona, trabajamos la terapia de pareja desde un enfoque de Psicoterapia Integradora Humanista.

No buscamos determinar quién empezó una discusión, quién tiene mejores argumentos o quién debería cambiar.

Intentamos comprender a las dos personas y también aquello que sucede entre ellas.

Porque detrás de un reproche puede existir una necesidad.

Detrás de una retirada puede existir miedo.

Detrás del enfado puede haber dolor.

Y detrás de una discusión que llevamos teniendo durante años puede haber dos personas que, a su manera, llevan también años intentando solucionarla.

Quizá no necesitemos volver a tener la misma discusión una vez más.

Quizá necesitemos comprender por qué siempre terminamos teniéndola.

Si sentís que vuestros conflictos se repiten y no conseguís salir de la misma dinámica, podéis conocer cómo trabajamos en nuestro servicio de terapia de pareja en Tarragona.

¿Necesita terapia de pareja en Tarragona?

Si necesitas el apoyo de un psicólogo en Tarragona, sexólogo o terapeuta de parejas, no dudes y solicita tu primera cita en Respira Psicología.

Sobre el autor: <br><a href="https://www.respirapsicologia.com/equipo/#Jordi-Claravalls" target="_blank">Jordi Claravalls</a>

Sobre el autor:
Jordi Claravalls

Jordi Claravalls es psicólogo general sanitario, psicoterapeuta y el fundador de Respira Psicología. Cuenta con el número de colegiado 19672. Es licenciado por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y posee un Máster en Psicología General Sanitaria (VIU), además de especializaciones en Psicoterapia Integradora Humanista (Instituto Erich Fromm) y Terapia Sexual y de Pareja (UB). En sus artículos y en su práctica clínica, Jordi trabaja desde un enfoque humanista integrador. Acompaña a sus pacientes abordando el bienestar desde los planos emocional, cognitivo, conductual y corporal. Conoce más sobre su trayectoria en nuestro equipo de psicólogos en Tarragona.

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